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Categoría: Arquitectura & Urbanismo, 14 Junio, 2017

Vida y muerte del edificio multifamiliar

Vida y muerte del edificio multifamiliar
Por Arq. Facundo Baudoin

¿Qué es una vivienda? Un espacio en el que habitamos por un tiempo determinado. Esta respuesta amplía el lugar común de la casa arquetípica abriendo el espectro a casi un infinito de posibilidades. En un sentido abreviado, la vivienda es el lugar que conjuga nuestra forma de vida con el espacio que la define. Dicho de otra manera, es donde el ejercicio de lo cotidiano es parte de nuestro placer, ocio, carácter, ética y trabajo, pues contempla fundamentalmente la acción del construir y mantener. 
 
Bajo el juego de esta premisa, si pensáramos en la vida nómada de un artista de cine, quizás su vivienda sería más un hotel que su propia casa. Otro ejemplo terriblemente extremo es el  film “The Hurt Locker” (2008) acerca de la Guerra de Irak. El protagonista, un capitán encarnado por Jeremy Renner, se niega a regresar a casa al finalizar la Guerra pues, como muchos de veteranos, es incapaz de reinsertarse en la vida corriente de la ciudad. En su caso, su vivienda es el campamento militar o más bien el espacio bélico.  

 

De estos dos ejemplos, el hotel y el campamento militar como vivienda, nos interesan algunos hechos simples y conjuntos. En ambos casos se habitan espacios de múltiples viviendas, es decir, son cohabitantes, junto a otras personas, de una misma infraestructura especializada en ese uso. De igual manera, en ambos casos hablamos de cientos o miles unidades habitacionales, que por extremos que sean son sostenibles en la lógica de quienes las habitan. 

Ahora bien, ¿qué hace a un hotel de Las Vegas de 1500 habitaciones ser sostenible? ¿Qué hizo fracasar al modelo de vivienda social y masiva del movimiento moderno en decenas de países, al punto de ser demolidos años después? ¿Qué hace sostenible un edificio de vivienda multifamiliar? Y ¿qué deberíamos tomar en cuenta a la hora de querer vivir en uno de ellos?



Los rasgos esenciales del modelo de gestión


Años después de la inauguración y ocupación de la Unidad Habitacional de Marsella de Le Corbusier, sus primeros habitantes de clase baja fueron desalojados dado el mal estado de la edificación. Posteriormente, este mismo espacio fue exitosamente ocupado por familias de clase media alta. La respuesta parecería estar en el modelo de gestión, que deriva de la posibilidad de administrar de manera propia o terciarizada las dependencias comunes de la edificación. 

Pero el modelo de gestión nace o es producto de tres rasgos fundamentales del habitante en su sinergia con la edificación:

1. Vulnerabilidad: Se vincula a la sensación de seguridad que otorga un lugar determinado, que va desde la propia seguridad física hasta aspectos como el acceso a recursos básicos.
2. Densidad cohabitacional: La presión que ejercen unos habitantes sobre otros en función de la ocupación corporal del espacio que los circunscribe. 
3. Cohesión social: Es la capacidad mancomunada de organización y acción conjunta entre uno o varios grupos de individuos que habitan un mismo espacio.


Unidad Habitacional de Le Corbousier

En tal sentido, la vulnerabilidad define en primera instancia la particularidad del habitante y, en consecuencia, cómo se relaciona con su vecino. Si el espacio es apropiado, la relación de densidad cohabitacional permitirá un contacto positivo en función ahora de la capacidad de organizarse o establecer reglas de convivencia y gestión que permitan el buen desempeño del mantenimiento de los espacios comunes. 

Las dificultades de las grandes viviendas multifamiliares


Volviendo a los ejemplos, en un gran hotel los niveles de densidad cohabitacional buscan que no exista contacto entre los inquilinos y la relación de ellos es directa con la administración. Reglas estrictas y un ingreso económico elevado permiten resolver cualquier eventualidad alrededor del mantenimiento de la infraestructura.




Por el contrario, si imaginamos  construcciones pequeñas (no más de 30 departamentos) con los problemas básicos de una edificio de pequeña escala, no solo la fricción social será mayor, sino que las necesidades de organización y gestión de los espacios comunes también serán contingentes e irán más allá de lo ejecutivo hermanando a sus cohabitantes. 


De manera casi superficial se podría inferir que los errores de las grandes edificaciones destinadas sobre todo a vivienda social, son:

1. A mayor cantidad de familias, más dificultad de contacto entre ellas y en consecuencia más difícil su organización. 
2. La dificultad económica de los habitantes de subcontratar el mantenimiento de la infraestructura.
3. La gran complejidad tecnológica que tiene un edificio de grandes magnitudes. 

Sin definiciones demasiados rígidas, pero en el marco de la vasta experiencia de la modernidad, se puede concluir que a mayor complejidad de la infraestructura, mayor dependencia tecnológica. Como rezaba Hannah Arendt, “la creación del trasatlántico viene de la mano con la posibilidad de su naufragio”. Es así que la vivienda multifamiliar desde su arquitectura debe contemplar la producción o el ejercicio libre y natural de lo cotidiano. 

Ser sostenible es una acción que debe formar parte de la vida, como poner la mesa para cenar y luego limpiarla, como mantener las herramientas que usamos. Sin embargo, en el caso de la vivienda, ser sostenible tiene implícitamente una carga mayor y es que existe una relación directa entre el habitante y la habitación (tanto en una cárcel como en un hotel como en el hogar). Es así que dejamos parte de nosotros el lugar que habitamos, lo construimos con nuestra historia y gestos de apropiación del espacio. Lo definimos tanto como él a nosotros. Y así en la tarde, viendo el paisaje por esa ventana por alguien puesta, tenemos el sueño de mejores cosechas.  

Columna Facundo Baudoin - InfoCasas

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